Nos echaron de la UBA
El deseo nace del derrumbe
R. Jacoby
En la carrera de psicóloga de la universidad de buenos aires, la política universitaria que gobierna eternamente, en complicidad con la actual conducción de la cátedra Grupos II extirpó una parte de la historia. La materia Teoría y Técnica de Grupos II que coordinó Percia desde el 2007 al 2024 fue borrada.
Muchos docentes no fueron renovados en sus cargos, muchos docentes renunciaron a sus cargos.
En el marco del vaciamiento de la universidad pública, concretamente se cerraron comisiones y se inscribieron más alumnos en cada una de las que quedaron. Se castigaron docentes por haber acompañado la lucha de estudiantes que el año pasado defendían su salario y condiciones laborales. La indignidad ya es patológica.
Puedo seguir con un listado innumerable de la cantidad de crueldades expedidas durante el último año por la actual titular de cátedra y sus empleadas y secretarios.
Pero las materias, títulos y nombres si no se los llenan no dicen nada. No basta con decir docente UBA, ¿de qué están llenos los nombres? ¿De qué están hechos los títulos? ¿Qué dice que esta materia no haya sido renovada? ¿No nos debemos este tipo de preguntas?
Las formas de vida se construyen. Las maneras de ser, de vestir, de pensar, de sentir, de hacer. En la facultad de psicología se le dice construcción de la subjetividad. Pero una identidad individual o colectiva es todo eso, y también lo que todavía no conoce de si, lo que le incomoda, lo que le gustaría excluir. Somos una multiplicidad. Una tipología de derecha es la que no se banca, niega, expulsa, convierte en tabú lo que no quiere ver de sí. Llamamos derecha a la búsqueda efectiva o no de eliminación de lo que le incomoda. Una forma de ser de derecha se construye. No se llega de un día para el otro. Fascismos, autoritarismos, individualismos, crueldades.
También se puede hacer una historización, un mapeo de las emociones múltiples que se ponen en juego. Principalmente de las negadas. Resentimiento, acumulación, memoria encallada, obsesión, poca relación con el deseo y lo creativo. Victimización, enojo acumulado, nerviosismo, acatar y callar, no poder decir. Conservar sin preguntarte por las condiciones deseantes.
También es necesario una complicidad con estos otros afectos. Indolencia, anestesiamiento, insensibilidad, automatismos, cuidar solo lo propio, no meterse, seguir callando por temor al castigo o a ser echado. Seguir sin preguntarse por las condiciones deseantes.
Ir desganándose, perder el brillo y el entusiasmo. Lo que pasa en las ideas, pasa en los cuerpos.
Ya no importa si llamamos derecha a eso, hagamos el esfuerzo de describir lo que nos pasa al nivel de los cuerpos, las emociones, y las pasiones.
Tanto olvidarse de las condiciones deseantes que se acude a las condiciones autoritarias: obligaciones. Esto va para el parcial, se evalúa en los teóricos, se toma lista. La obsesión por la asistencia y los parciales es inversamente proporcional a la poca preparación amorosa con los textos.
Esa pérdida de la gracia conlleva a una búsqueda desesperada y nerviosa de reconocimiento. Tiene como efecto despotenciante desconfiar de lo que se puede, instigar a través de premios y castigos. No hay nada más penoso que obligar a que te quieran, que obligar a que te escuchen, y sino expulsar y atemorizar.
Si no haces lo que te digo reprimir.
Lo que pasa en las calles pasa en las aulas.
Lo que pasa en la macro política y en el gobierno, pasa en los micro mundos. Lo personal es político. Lo que pasa en una cátedra pasa en el gobierno con sus fuerzas de seguridad. Represión, acallamiento, nerviosismo, terror, silencio, complicidad, cinismo.
Hacer como si nada pasara. Y que algo pase no es solamente conversar. Si la conversación en estas instancias no produce efectos actúa como sí, como medida culposa que tiene fantasías reparatorias. Una medida de fuerza se combate con otra medida de fuerza. Seguramente en tonos distintos a la eliminación del otro, pero sí de fuerza. O mejor: una contra ofensiva sensible que se defiende de ser eliminada, y a la vez intenta no dañar.
Si se deja gobernar al rey loco y no se le pone un límite, la locura es la que nos gobierna. Lo destacable de la situación actual, a nivel macro y micro, es que llamamos loco a plegarse en el orden mayoritario que quiere eliminar toda diferencia.
Imposible. Siempre hay un síntoma, una resistencia, una rareza, un desvío, una locura, una expresión imposible de callar y apagar. El cuerpo individual y colectivo a la larga explota.
Ordenar la cátedra.
Pero el pensamiento es incalculable. Raro que no lo sepan los que van a transmitir la tradición de las ideas de grupalistas y psicoanalistas conocidas en la Argentina por la revista Cuestionamos, por los tomos de Lo grupal, por los libros Las huellas de la Memoria, entre tantas otras cosas.
Cuando la indignación en relación al presente cruel es de coeficiente cero hay algo para sospechar. Si las cosas se acomodan demasiado al poder ahí se huele a complicidad, miedo al castigo o indolencia hiper individual.
Nada interpela, ningún riesgo a señalar, ningún peligro ni estupidez que denunciar o identificar.
Hoy donde los espacios públicos están amenazados, donde lo común agoniza. La vida algoritmizada los hace agonizar. La IA es una continuación sofisticada del manual diagnóstico y estadístico de los trastornos mentales (DSM). La vida codificada.
La calle es solo para que circulen peatones y autos
La calle también es el lugar donde los cuerpos resisten, se encuentran, festejan, y luchan. La calle, lo público, también es el lugar donde se disputa la parte abierta que habita en una situación. Es lo sorpresivo, lo inesperado, lo no codificado. Dejamos de ser peatones y conductores para devenir en denunciadores de las crueldades naturalizadas, y quizás creadores de nuevas consignas.
Dejamos de ser estudiantes y docentes para devenir en agitadores que se contagian apasionadamente entusiasmos, enojos, indignaciones, ofensas.
El pensamiento como los cuerpos también son desaparecidos.
Hay una larga historia no acabada, no consumida. Leer claramente levanta pasiones. Hay veces que te obsesionás tanto con un libro que no podés dejar de leerlo, de citarlo, de llevarlo a todas partes, de compartirlo. Hay veces que se obsesionan tanto con los libros y los pensamientos que quieren incendiarlos, cancelarlos, prohibirlos, censurarlos.
Desde la Ética de Spinoza en la Holanda de 1677, pasando por la Cometierra de Dolores Reyes en la Argentina del 2024, hasta la extirpación de un pensamiento práctico, político, y en territorio de una cátedra. Porque un pensamiento político es práctico y en territorio. Porque no hay mejor manera de pensar que actuando. Porque no hay mejor manera de enseñar Grupos que en una asamblea de estudiantes, en una toma que defiende lo público, en una marcha de sensibilidades que están ofendidas.
Las calles y las aulas.
Lo macro y lo micro.
¿No se acuerdan cuando Plataforma y Documento renunciaron a la APA? Se puede googlear.
¿O la experiencia de Camino en Colonia Federal? ¿O Moffatt en el Borda? ¿Pero qué hacemos ahora con los compañeros y compañeras internados? La desmanicomialización es practicar y pensar situaciones alocadas del día a día. En las aulas, en las calles.
¿Qué vamos a hacer con las intensidades que resisten adaptarse a la consigna?
¿Las vamos a cancelar, expulsar, eliminar, o enseñarle una técnica de grupo?
Eso fue despedido de la facultad. Un pensamiento crítico que intenta ubicar la complejidad en las situaciones que nos pasan.
Una buena pregunta aliada para verificar qué se está haciendo es: ¿para quién trabajas? ¿quiénes son tus jefes?
La potencia política de un pensamiento no es solamente la del manual para la acción, sino la de insistir en la pregunta por las profundas razones de la obediencia y suscitar un deseo de libertad de pensamiento.
La universidad pública es también reflejo de la política macro, con sus crueldades y sus silencios. Con sus mismos argumentos y racionalidades, con sus mismas canalladas exhibidas con desmesura resentida.
Suponer que en la Argentina no hay violencia porque hace 40 años estamos en democracia es invisibilizar la violencia naturalizada: el terror. El terror estructura esta democracia. La represión actúa para volver activar el terror que estructura esta democracia. Es una democracia de la derrota que se mantiene si los subordinados no se preguntan por eso, y no se defiende con contra violencia.
¿Cómo hacemos contra violencia? No puede ser calcada de la violencia. La de la derecha es por naturaleza controladora y asesina. De eliminación de lo que no le gusta.
Urge un pensamiento que actualice estos matices.
Hay una contra ofensiva de tipo resistente, defensiva, y no asesina. No aniquiladora. Resistir es crear dijo alguna vez Deleuze.
¿De dónde surge el valor para enfrentar a la fuerza oficial? ¿De una inconsciencia individual? ¿De una conciencia histórica? ¿De no dar más? ¿Qué cosa es una contra violencia hoy?
¿Pensamos cada vez destruyendo los valores dominantes y creando nuevos, o adaptando y mejorando lo dominante?
Ese es el pensamiento clínico político que tenemos que defender, que están borrando.
Se extirparon casi 20 años de un plumazo, desaparecen textos e ideas, comisiones y docentes. Compañeros y compañeras tienen miedo a decir por perder su título de docente UBA. Se huele complicidad en los silencios, pero también el terror. Se racionaliza y restaura una teoría de los dos demonios que borra cualquier tipo de diferencia entre bandos, entre formas de hacer, sentir, y pensar.
Vuelve lo insoportable, ese automatismo de los cuerpos solo estando, sin alma y sin entusiasmo. Automatismo de los cuerpos y los pensamientos. Compulsión a la repetición.
Lo que vuelven son las aulas sin fuego, sin pasión, que obligan a ir a las personas como perros conductuales por premios y castigos. Lo volvemos a decir: la obsesión por la asistencia y los parciales es inversamente proporcional a la poca preparación amorosa con los textos.
Ya todo lo dijo Freud, esto va para el parcial, anoten su asistencia en una hoja. No viejo, rompete un poco más. Agarrá la tijera, agarrá el martillo, agarrá el corazón, llenate de pasión, y creá.
A la universidad volvió lo que hay de sobra.
Pero la universidad también es un espacio público y común, como la calle.
En ellas vibran cada vez el eterno retornar de un germen que nunca es posible liquidar.
Ese período, esa materia, esa cátedra es uno de los nombres de lo que nunca se va a poder conquistar: un pensamiento insurgente.
El síntoma retorna.
Y será semilla otra vez.

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